Sevilla es conocida por ser la ciudad con más naranjos del mundo, con aproximadamente 50.000 ejemplares. Estos árboles, con su característico olor a azahar en primavera, se han convertido en un símbolo de la ciudad. A menudo, los turistas se preguntan si las naranjas sevillanas se consumen, pero la respuesta es no, ya que son amargas. Sin embargo, se utilizan para elaborar mermeladas, perfumes, bebidas alcohólicas, compost, alimentos para el ganado y hasta para generar electricidad a partir del gas.
El origen de los naranjos en Sevilla se remonta a la época de los árabes, quienes los plantaron no solo por su belleza, sino también por su aroma, con el objetivo de embellecer la ciudad y convertirla en un referente en la elaboración de perfumes. La mitología griega también hace alusión a la ciudad y al naranjo, mencionando que Hércules, en su último trabajo, recogió una manzana dorada (la naranja) en Sevilla.
Así, el naranjo no es solo un elemento ornamental, sino que forma parte de la historia, la mitología y la vida funcional de la ciudad, reflejando su rica herencia cultural y su conexión con la naturaleza.
[Texto e imagen: Sevilla Habla]
