Una de las calles más famosas de Sevilla es la Calle Sierpes, aunque ¿sabías que no siempre se llamó así? Hace mucho tiempo, la calle Sierpes tenía otro nombre, se llamaba Espaderos, porque en ella había multitud de tiendas que se dedicaban a la venta de espadas.

La leyenda dice que a finales del siglo XV comenzaron a desaparecer los niños de la calle Sierpes. Ante el pánico de las familias, Don Alfonso de Cárdenas, que gobernaba la ciudad por entonces, decidió actuar y encontrar al particular “Flautista de Hamelín”[1] sevillano que se llevaba a todos los niños. Al poco tiempo, recibió una carta anónima de alguien que prometía revelar la identidad del culpable a cambio de su libertad.

Resultó que aquella persona era Melchor de Quintana y Argüeso, un estudiante de letras que se había rebelado contra el Rey y, desde entonces, huía de la justicia, escondido en las galerías subterráneas de la ciudad. Melchor aseguraba haber encontrado al responsable de la desaparición de los niños, pero a cambio de su palabra quería volver a vivir libre y sin miedo por las calles de la ciudad.

Cuando Don Alfonso aceptó su trato y prometió públicamente su libertad, Melchor le llevó hasta el autor del crimen: ¡qué sorpresa cuando vio que se trataba de una serpiente del tamaño de un gran basilisco! El animal se escondía por debajo de la ciudad, igual que había hecho Melchor, ¡y se había comido a los niños!

Así, mandó matar a la monstruosa serpiente, que fue expuesta en plena calle, y toda la ciudad hablaba de la calle de la “sierpe”[2]. Al final, la leyenda alcanzó tanta fama, que la calle se quedó para siempre con ese nombre por el que hoy todos la conocemos.

[1] Así es como se llama en español a “Pied Piper of Hamelin” en inglés o a “Rattenfänger von Hameln” en alemán o a “le Joueur de Flûte” en francés.
[2] Sierpe es otra palabra para referirse a “serpiente”. Es antigua, aunque aún se usa muchas veces en poesía.

 

Texto e imagen: Saint Gabriel Internacional

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